Reglas
Hay una reglamentación
estricta que ayuda a marcar las directrices del programa. Esta
normativa tiene como objetivo principal la vuelta a los hábitos
de vida primitiva; debido a esto queda prohibido el uso de aparatos
eléctricos, estupefacientes, teléfono móvil
o incluso, lápiz köhl. El complemento a su lista de
necesidades se encuentra en el dinero semanal del que disponen
para hacer la compra. Existe una lista con el precio de los productos
en consonancia con su valor real y el IPC, además de un
presupuesto que fluctúa según el cumplimiento de
sus actividades comunes. La adaptación a la pantalla conlleva
un tratamiento específico de las interacciones entre las
personas y los objetos con los que cuentan: cubiertos de plástico
para no alterar el sonido, suelo enmoquetado, para camuflar las
cámaras, ausencia de persianas, con la finalidad de controlar
la luz y un experto en nutrición controla la adecuada alimentación
del grupo.
Durante los
noventa días, los participantes no tienen contacto con
sus familiares y amigos. Asimismo, llevarán colocado un
micrófono toda la jornada y su equipaje se reduce a dos
maletas. En cambio, sí podrán llevar tabaco, medicamentos
de uso tópico, joyas, una revista, anticonceptivos y un
ejemplar de cada artículo de higiene personal. Cuando un
concursante desee salir voluntariamente de la casa, ha de comunicarlo
a los redactores del confesionario (lugar donde se charla "privadamente"
con responsables del programa).
La puerta
del confesionario se abre. Hay una luz que indica si la sala está
ocupada. El ambiente es confortable y, allí, los habitantes
de la casa se desahogan e ilustran al equipo acerca de la evolución
de los comportamientos de los individuos y sus problemas de convivencia.
Cuando alguien está deprimido, el equipo de psicólogos
entra en acción y trata de animarle. Aunque el confesionario
permanece vacío, pueden establecerse lazos de comunicación
si el participante lo necesita.
A la casa
sólo tienen acceso los trabajadores. Todo lo que sucede
es presenciado por un numeroso grupo de espectadores. Sonia Sola,
ayudante de producción, cuenta que no se puede "parar
una historia ni ocultar sus conductas. Es una situación
donde puedes ver a diez personas que conviven sin conocerse de
nada y sin tener ningún medio tecnológico. Ves cómo
se desarrolla su vida, cómo hay enfrentamientos y como
surgen amistades. Cómo se puede prescindir de cosas que,
habitualmente, necesitamos para desarrollar nuestra actividad
diaria".
Los personajes
incorporados posteriormente no pueden contar nada de lo que se
mueve en el exterior. Inmediatamente, los demás integrantes
de la comunidad han de ponerles al corriente del reglamento de
la casa, sin poder preguntar nada de lo que está pasando
en referencia al programa. Cada miércoles se les suministra
una misión conjunta de la que dependerá el aumento
de su asignación personal. En dicha prueba se intenta que
participe la totalidad del grupo para cohesionar a sus elementos
y hacerles ver que se necesitan unos a los otros. Las ideas parten
del director y del guionista y hasta el último instante
se desconocen sus objetivos.
En este sentido,
Roberto Ontiveros, director del programa, añade que "el
programa está diseñado fundamentalmente para generar
la interrelación de los concursantes. La estructura y organización
de la casa está pensada para favorecer el roce en todo
momento. Por ejemplo, las habitaciones se construyeron sin ventanas
para evitar que se convirtieran en lugares de reunión."
|